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"Una promesa cumplida, un sueño realizado"

Felice Gorordo

En mi primer año de universidad viajé a Cuba por primera vez. Fue una peregrinación personal, un trayecto que me sirvió para descubrir mis raíces y reconciliarme con mi familia. No fue nada fácil comunicarles a mis padres que quería visitar la isla. Mi mamá estaba en contra del viaje. Nuestra familia se fue de Cuba pensando que no regresaría hasta que las cosas cambiaran. Dejaron atrás a seres queridos y memorias vividas que los aferraban a un dolor y nostalgia por lo que una vez fue… y lo que pudo haber sido. Por esas razones, yo necesitaba entender el significado de todo esto para mí, y solo podía hacerlo estando ahí. 

Mi primer viaje fue una experiencia transformadora pero agridulce. Encontré a una Cuba igual de bella que como me la pintaban mis abuelos. Conocí a personas ingeniosas bondadosas, y acogedoras que me recibieron con los brazos abiertos. De igual manera, también me encontré con un sinnúmero de jóvenes en tal estado de desesperación que preferían tirarse al mar con la esperanza de llegar a Estados Unidos. Me tocó ver muy de cerca esa desesperación y falta de ilusión cuando conocí a la parte de la familia que se había quedado en Cuba.

 

Mi primer viaje a Cuba fue una experiencia transformadora pero agridulce

 

Cuando regresé a la universidad sentí que no podía dejar que esa experiencia fuese un evento aislado en mi vida, tenía que hacer algo. Junto a un grupo de jóvenes llenos de energía, valentía y amor –muchos de ellos mis amigos más queridos– fundamos Raíces de Esperanza para ayudar a jóvenes cubanos a que puedan ser autores de su propio futuro. Partimos de la base de que nadie debe sentir que tiene que huir de su patria por falta de libertad y oportunidades. Siendo hijos de la diáspora cubana, nuestro deber es construir un puente que nos una y nos comprometemos en apoyar a nuestros contrapartes en la isla para que, junto con sus familias, logren tener una vida mejor en Cuba. 

Después de una docena de viajes y de ver el impacto que hemos logrado en la vida de miles de jóvenes a ambos lados del Estrecho de la Florida, mi mamá ha cedido y se ha convertido en una de nuestras más fieles seguidoras. Confirmó que no se trata de un tema generacional. Hace varios años, le hice una promesa: un día la llevaría a Cuba. El año pasado fue diagnosticada con cáncer en el pancreas y decidimos acelerar nuestros planes. Cuando el papa Francisco anunció su intención de visitar la isla, estuvimos de acuerdo que sería la oportunidad perfecta para hacer nuestro sueño realidad. 

Después de escuchar el mensaje de esperanza y reconciliación del Papa, siento que no hay una mejor oportunidad para que el pueblo cubano se una y encuentre una forma más inclusiva de seguir adelante. Para nuestra familia, es una oportunidad para cumplir una promesa y hacer un sueño realidad. 

 

Felice Gorordo es cofundador de Raíces de Esperanza, una organización sin fines de lucros ni afiliación política en apoyo a los jóvenes en Cuba

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